La religión según M. de Sade
-Ya ves-dijo Durcet-el error que comestiste al dejar que instruyeran a tu hija en las religiones;ahora ya no puedes hacerla renunciar de esas imbecilidades. Bien te lo dije cuando era tiempo.
-A fe mia-dijo curval-, creí que conocerlas sería para ella una razón más para detestarlas, y que con la edad se convencería de la imbecilidad de esos dogmas.
-Eso que dices es bueno-dijo el obispo-.Pero no hay que confiar en ello cuando se trata de una niña.
-Nos veremos obligados a acciones violentas-dijo el duque, quien sabía muy bien que Adelaide lo escuchaba.
Las religiones, señor, señor cuantas infamias se cometen en tu nombre, claro que también se cometen infamias sin necesidad de ellas.
