ESTAMOS EN PAZ
Este es el relato del pobre Augusto, un jubilado que en sus tiempos mozos trabajó muy duro como segador y después de carpintero, hasta anteayer, entonces recibió la triste noticia que no cobraría su merecida jubilación por no se que cuestión de papeles perdidos y años no cotizados.
Ahí vamos.

Ensangrentado, empapado en sudor por el terrible esfuerzo, tensión, y al fin nada, una nada que no presagia buenos acontecimientos, ¿qué más da?, no hay vuelta atrás y tampoco quiero volver, este es mi camino y no me arrepiento, casi me alegro, estoy orgulloso de haber llegado hasta aquí, tranquilo, mis manos se aferran con fuerza al presente, el pasado un asco y el futuro no existe, esos pedazos de carne tirados por el suelo me animan, me alegran, y la hoz y el martillo, esos fieles amigos, han respondido con dureza cuando lo pedí, sin dudar, no me han fallado, sin preguntar porqué arrancó de un solo golpe la mandíbula a ese desgraciado, no hablará más, no mentirá más, su palabra dejó de ser ley, ahora es solo un montón de carne inerte, y las piernas de ese que trataba de huir, corriendo como un perro, aullando de terror, de un certero tajo, ya no tiene piernas, y como siga gritando se quedará sin cráneo, ya se lo he avisado, y la mano de ese desgraciado que trató de coger el teléfono, ahora el teléfono y su mano ha dejado de existir como entes independientes, tiene gracia la cosa no se bien distinguir donde empiezan y donde acaban, una masa amorfa de carne y cables y plástico y sangre, una especie de ser biónico que ha dejado de funcionar, ha tenido suerte se ha desmayado, ¡se acabó!, te lo avisé, te dije que no gritaras, estropeas estos momentos de reposo, intento gozar de la escena y me estás jodiendo, pon tu cabeza, sí, aquí en la mesa, eso es, no te dolerá, prometo ser rápido, no me falles amigo, levanto el brazo y descargo con fuerza el golpe liberador sobre el cráneo de este engendro, ha reventado como una sandía, ha puesto todo perdido, ahora si, que silencio, esta apestosa oficina se ha convertido en mi refugio, un remanso de paz, mi paraíso particular, mi reino, aquí soy dios, aquí soy la verdad, aquí soy la justicia. Caramba, se me ha abierto el apetito, a ver que hay de comer en esta asquerosa oficina, a ver de que se alimentan estos sucios parásitos, a parte por supuesto de nuestro sudor y nuestra sangre, ahora hay mucho sudor y mucha sangre aquí, pero no, ya no sois capaces de sangrarme, estáis acabados, sanguijuelas, ahora soy yo el que se alimenta el que tiene hambre, y me voy a comer vuestros almuerzos, a vosotros ya nos os hace falta ¿verdad?, ¿cómo?, ¿qué me dices fiel amigo?, ¿Qué acabe con esa liendre inconsciente?, claro que sí, te has comportado honorablemente y satisfaré esta tu petición, levanto una vez más mi brazo y siego, siego y corto, un cuerpo desecho, otro más, suma y sigue, ¿estás contento?, ¿si?, yo también, ahora a comer, busco entre las cosas de estos infames, en los cajones, en los armarios, solo hay unos sándwiches de pan integral con una cosa dentro, una cosa sin sabor, que asco, basura, basura, mierda y más mierda, sus cabezas llenas de mierda, malditos hijos de puta os voy a reventar, esto me ha hecho enfadar, al próximo que entre por esa puerta lo pagará, bueno al menos uno de estos canallas tenía una naranja, ¿de quién sería?, es igual, es dulce y jugosa, el sándwich este a la puta basura, ya se, es una cosa de esas sin sal, baja en calorías, sin grasa, sin sabor, sin nada, pan integral relleno de nada, esta buena esta naranja, entra alguien, un trajeado, no me falles ahora amigo, necesito de tu buen hacer, rápido como el rayo descargo un certero golpe en las costillas de este cadáver, ya era un cadáver antes de entrar por esa puerta y no lo sabía, cae al suelo, vaya ahora no puedo sacar el martillo, se ha quedado atascado, estiro, los huesos crujen, este trajeado, no grita, solo tiembla, tirado en el suelo, le clavo la hoz para hacer más fuerza y lo vuelvo a intentar, ya cede, un último tirón, el martillo vuelve a ver la luz arrastrando tras de sí pedazos de carne y hueso, eres libre de nuevo amigo, ¿lo estáis pasando bien verdad?, son como un chiquillos, juguetones y despiadados, este apestado respira con dificultad, le haré un favor, a pesar de todo soy un tipo generoso eso no se puede negar, cualquier otro se sentaría a observar la lenta agonía de este trajeado, pero yo no soy así, vuelta al trabajo como en los años mozos, toda una vida trabajando y ¿para qué?, nadie me lo agradece, ingratos, tomad vuestro merecido, ¿acaso pensabais que no me daba cuenta?, no soy ningún estúpido, pero ya es demasiado tarde para vosotros, y demasiado tarde para mí, y aquí está el resultado de tanto tiempo de humillaciones, me he dejado llevar por el entusiasmo y de tanto golpear he roto varias baldosas del suelo, siempre he sido así, lo que hago lo hago bien, la sangre se mezcla con el sudor y me gotea por la nariz, me miro al espejo, solo puedo ver mis ojos, el resto de mi cara es rojo, un rojo brillante, sonrío, mis dientes aparecen más blancos que nunca por el contraste con la sangre, alguien entra, no es nadie, solo una víctima como yo, está paralizado, me mira, no habla, no se mueve, no respira, trae un papel en la mano, le pregunto que quiere, dice que viene a pagar, extiendo la mano sin soltar la hoz, en la otra esta mi martillo aún con trozos de carne enganchados, me da el papel, lo rompo, le digo que ya está, su deuda está saldada, le pregunto si quiere algo más, dice que no, adiós y que tenga un buen día señor, le digo, y le dejo ir, adiós y gracias, me responde, no había necesidad de que conociera a mis compañeros de fatigas, ¿verdad?, ese es como yo, una victima más, estoy cansado, me sentaré, un poco de agua, un cigarrillo, que bien viven esta gente, cómodas sillas, despachos soleados, trabajando sentados, ordenadores, decidiendo por nosotros sobre nuestras vidas, no me conocen y saben bien lo que me conviene, papeles y más papeles, dinero, siempre piden más dinero, siempre impecables, y los demás empapados en sudor, con dolores de espalda y con el corazón hecho trizas, ¿pero ellos que saben de todo esto?, nada no saben, ni quieren saber, ¿para qué?, es más fácil así ¿verdad cabrones?, pero esto se acabó, ha llegado mi momento y ya habéis empezado a pagar por vuestros manejos, por vuestras perrerías, oigo pasos, se acercan, ha llegado la hora de la verdad, me levanto, estoy preparado, entra el primero, lleva su arma en la mano y casco, golpeo en la frente, cae, tiene convulsiones, no tengo tiempo de rematarlo, se me acaba el tiempo, entra otro, corto, se desliza y le rebano un brazo, puerco me ha disparado, mi mano, han volado tres dedos, y la hoz ha caído, a este lo remato, no me falles ahora mi fiel compañero, perforo el casco de un certero golpe, es un muñeco de trapo, el tercero, ven con papá, tengo una sorpresa para ti, me ha disparado en el hombro, otro disparo, en la pierna, estoy listo para descargar un nuevo golpe en la sien de este perro guardián, otro que cae, remato al primero con un martillazo en el esternón, no te lo tomes a mal, es por tu bien, así dejarás de sufrir, no hace falta que me des las gracias, disparos como cañonazos, en el otro brazo, adiós mi amigo fiel, mi martillo, mi compañero de estos últimos momentos cae al suelo, rebotando, el ruido metálico es una hermosa sinfonía, otro disparo, sale sangre de mis estomago, una fuente roja brota de mi interior, caigo, otro disparo en el hombro, cabrones a ver si apuntamos joder, a la cabeza, de rodillas caigo hacia atrás, me duelen las piernas, me rodean, están de pie, me miran, de una patada me dan la vuelta, no puedo moverme, a lo lejos veo la hoz y el martillo, me apuntan a la cabeza pero ninguno dispara, cierro los ojos, las voces se apagan, se vuelven como murmullos, como ronroneos, una canción de cuna, dormir, descansar, oscuridad.

Hoy en el ministerio ha sido un día trágico, un infierno, un perturbado ha acabado con la vida del ministro, un subsecretario, un funcionario y tres agentes de operaciones especiales del cuerpo de policía.
Augusto pasará sus últimos años encerrado en un centro psiquiátrico a cargo de la seguridad social y no faltará quien diga ¡ya esta bien hombre, a este lo mantengo yo a cuerpo de rey con mis impuestos!.