Un cuento para dormir:
Y aquí estoy yo, en una prisión dodecaedrica en la cual los deseos adquieren extrañas formas y su aliento te tira hacia atrás, y la eternidad, y la inmortalidad y la inmoralidad duran lo que dura mi amor, tu amor, es un lugar de transito, donde la convalecencia ante una despedida es tan absurda como el transito del verde al la clave de sol, aquí se puede entrar y no se quiere salir, ya lo sabes, las puertas siguen abiertas, como siempre, pero las llaves me las tragué aquella noche de tanta y tonta soledad, moverse en silencio es importante en absoluto, y los truenos son absolutamente nada, nunca dejes de olvidar quien eras, mutantes del ser, eso soy, eso serás desde ayer mismo, lo más importante, nunca no olvides, nunca lo niegues, tú eres tu propio guardián, es lo único que no ha cambiado, dentro y fuera, es una variable invariable, inevitable, la constante que todo cadáver debe aceptar, de lo contrario puede ser expulsado al otro lado, más allá del cualquier realidad conocida, al mundo de los resucitados, un mundo que nadie quiso soñar, el miedo a la vida sigue muy presente en todos los tiempos, esta prisión, es la calma, es la soma para los semi vivos, amores etéreos tan sólidos como un fémur, líquidos viscosos de sabores irreales que brotan de mágicos manantiales, eterna juventud para libar de pezones gigantescos, colores y sonidos hipnóticos, un caos de paz, miembros que se inflaman hasta reventar de placeres olvidados a otros miembros, una calamidad sin tregua, eso nos gusta, eso nos complace, mientras tanto aferrados a los barrotes de nuestro dodecaedro, nos observan espantados y envidiosos desde fuera, nos ven gritar de placer insoportable y a causa de esos exquisitos sufrimientos que como nadie tú sabes proporcionarme, maldita seas, dame más, nos temen y nos odian, y nos compadecen y se aborrecen por su cobardía, a ese o a ese o a ti, le miro y dejo los ojos en blanco, una imagen fantasmal, lanzo un alarido agónico y estallo en ningún pedazo hacia adentro, mis cosas salen volando e inundan conciencias, sí, estoy enfangando paladares hasta hoy intactos, ahora sí viene hacia a mi, esta corrupción extrema es un extremo orgasmo no carnal también, mi cabeza gira sobre si misma, una vuelta, dos, tres, un remolino desbocado, mi lengua se estira como un largo y fibroso tentáculo, agarro a un incauto y lo acerco a mi boca, lo parto en dos y me lo como, mientras mastico sus extremidades ríe exhausto, escupo su hígado que se va reptando en busca de otro huésped, mi cabeza deja de girar, estoy empapado, no queda público, me lanzo a una piscina de cuerpos en movimiento y me uno a ellos, es el momento de recuperar fuerzas en mi nuevo hogar, una imperceptible corriente me arrastra, miles, millones, infinitos cuerpos en una majestuosa danza, sin música, sin ritmo, pero sin duda inacabada, faltas tú, un último pedazo de carne para completar este cuadro del delirio.
Aquí estoy yo, un ser trisexual, ambidiestro, poli toxicómano, neurótico y omnívoro, aquí estoy en esta prisión, no soy feliz, no soy infeliz, solo no soy yo, soy un poco de cada uno de ustedes, nada más.

Bonito verdad, este cuento lo escribí cuando estaba enamorado, me imaginé enamorado para siempre, siempre, poco duró el siempre, el caso es que ya me veía con una recua de niños agarrados de la mano, camino al parque, escribí este cuento para mis futuros hijos, un padrazo, si señor, hubiera sido un padrazo. Afortunadamente todo fue un sueño.
Ya ven ustedes, esta penosa existencia mía se ha visto plagada de momentos memorables, otros brutales, siempre tiernos, angustiosos, placenteros y la mayoría nublados a causa de una conciencia no hallada, como la mayoría de las existencias, ¿verdad?