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La Coctelera

Perrilleros sin causa

1 Enero 2006

CAPITULO XXII

Y aplacaré con mis sentidos la espuma de todos los océanos, y conquistaré el pensamiento de ida y vuelta, respondiendo así a la llamada que incesantemente estremeció el sendero en el que resistieron hasta el fin los colosos que siempre estuvieron junto a tí, siempre fueron indiferentes a nuestras miradas y nosotros a sus suplicas, y entonces sin buscarse se encontraron los incesantes y los siempre estremecidos, ellos y sus incoherencias plagadas de extrañas lógicas, los colosos abrieron paso derribando montañas y humillando al tiempo, la vida se detuvo y el caos se sentó bajo el baobab seco de vida, a la luz y sombra de ambas lunas y meditó sobre su destino, una nueva lengua fue creada para tal fin, se invocaron a los vigilantes y se abrieron las puertas, los dioses fueron libres al fin, y abandonaron a sus creadores, que calamidades inundaron entonces el destino de los hombres, los extremos se hermanaron y todos los paralelos se cruzaron en el tercio inferior del sexo, ese provocador de furias y calmas, de humedades con aromas que aniquilan tu propio ser, ese sexo que se penetra a si mismo, y llena de orina los paladares más sibaritas, allí se lamentaron y corrieron ríos de lagrimas, los pensantes, las bebedoras, los impasibles, los ilustres, las amadoras, los cientos y las legiones con arietes invisibles rompieron las puertas y destronaron al pacificador de todos los mundos, que implorando clemencia para ellos fue a desaparecer, requisito indispensable para la no desintegración fue aumentar las cadenas, no hubo otra forma, había que sobrevivir a cualquier precio y se antojaron ligeras y suaves como la seda importada desde el inmediato pasado por el último aclante, ese fue el segundo tributo, y tal vez un impulso, tal vez un hachazo en la sien, o un abrazo sin calor, una gota de agua que cayó al revés, nunca lo supisteis pero las grietas se hicieron simas y el frío y el calor y la vejez y el dolor y los patriotas inflados y pirotécnicos que ladran sus himnos al menos de dos en dos, las campanas enmudecieron sin tener corazones que las escucharan y las cabezas decidieron interponerse al vuelo de piedras moldeadas a su suerte, cráneos fracturados llenando de nada su vacío, hacia atrás y hacia delante, hacia atrás y hacia delante, el tiempo comenzó a oscilar, cada vez más rápido, más rápido, hasta que el pasado y el presente y el no futuro, se fundieron en algo que vino a llamarse instante, y este se hizo eterno, los ríos se detuvieron cuando el último tricerebrado que conservaba algo de su antigua cordura lanzó la última flecha que daría doscientas quince vueltas al planeta oculto, atravesando sin piedad ni pasión la carne que dejó de estar viva cuando vio la luz, después de haber resucitado transformada en la negación de la negación, sin que por ello fuera cierto lo posible o invisible lo inabarcable, pero esto ya se sabía, no se desintegró lo suficiente esta realidad para que fuera palpable e irreconciliable consigo misma, sospecharse a si misma, ese fue el milagro que valió se le otorgara el privilegio de dejar de sentirse, pensamientos enfundados en apariencias de de saber y el mejor amigo del sabio de sabios ese que aún no nacerá, el mejor amigo del posthombre nunca dejó de ser sus propias manos tocando y moldeando el aire, implorando con las puntas de los dedos a los descendientes del agua y el fuego que no vean la cegadora luz de los campos esterilizados por el sudor, campos sembrados de uñas arrancadas por bocas sin nada que decir, absorbidos por el único y suficiente tentáculo del dios que hace falta, soñándonos en la propia irrealidad y cuanto más despertemos menos irrealidad y más huesos astillados, cajas de caudales llenas hasta reventar con pecosas pelirrojas tatuadas y blasfemas, diosas infernales, objetos de temor y deseo, todas las madres una vez lo fueron, se les infló el abdomen, un terror que latía muy dentro, después engordaron a la par el terror y su madre, muerta ya, canibalismo decreciente y a la inversa, la diosa fue crucificada, y se hizo madre, lo podemos llamar amor, es lo menos insensato, lo contrario es penosamente insoportable, todo colgado, aspirando sensaciones y expirando humus cristalizado, las parejas estampadas sobre imposibles sufrimientos, sobre colores sin forma y casi sin darnos cuenta una pausa, una tregua en esa paz inerte, paz habiendo desconocido la guerra, flotando en el aire fragmentos capricornianos divididos y esparcidos por las memorias sin estructura básica, ni reciente y acaso tenía importancia, cualquier consideración superlativa buscaba un fondo donde caer, y nunca faltaron, y el desbordamiento simultaneo provocó un epilogo alterado, con principios alternativos depositados bajo capas de escamas y de deseos sin voluntad, ni sustento en el placer, pero con volúmenes cósmicos concentrados en cabezas de aguja, suave y con características alteradas como algodón empapado de sangre, así es cuando lo posible es probable y va marcha atrás, retrocediendo hasta la matriz que lo engendró en una furiosa tarde de primavera de abandono y de miedo a la soledad, siempre reclinada sobre si misma y bajo los efectos narcóticos de cualquier exceso habitualmente localizado entre las piernas de las hembras de la especie ambulante, casi siempre esquivas y desesperadas, bebedoras de la vida entregada por sus atormentados buscadores, revisan tus ojos y deciden si eres digno, o solo un recluso de la autosatisfacción, un frenético chillido en clave de si y todo siempre en el reposo que otorga el pretérito, facilitando los cambios de piel, justificándolos en el ahora y preparando otros cuerpos para el mañana, que nunca existirá, siempre será ahora durante ese instante y ya fue ayer otra vez y para siempre, de esta forma solo el pasado será eterno, ¿acaso es posible representarlo de otro modo?, únicamente recociendo el congreso sistemático de los descendidos, invitándoles a saltar de nuevo a su propio espacio, diseñado para la ambigüedad y por tanto para la polivalencia disparatada, sin esperar a ocupar el nuestro a cambio de tanta generosidad, son rasgos fundamentales para ir paso a paso tras las revisiones metódicas del enjambre ideado por los guerreros reconciliados bajo los dispares y concretos aspectos del maleficio primitivo, el que lanzó el dios que después aniquilaron y no se pudo retirar, repartido por igual entre las individualidades y modulados y amplificados en la medida justa por los ingenieros que sufrieron por ello las amputaciones y tendieron los cables de acero entre nosotros y sus entrañas, siempre son señales de frecuencias extremas, delicadas, lanzadas a intervalos instantáneos, aún cuando dejemos de nacer y morir seguirán recorriendo lo universal para retroalimentarse y así permanecer desde y hasta siempre bajo su propia conciencia, entonces llegará el momento de poner, una vez más, punto final a mi imagen, será lo menos sensato que nunca haré, pero sin no tampoco lo será, es justo que lo provoque aquí y ahora, antes de que sea ayer, entonces todo esto arderá de nuevo, solo el fuego se elevará y las cenizas caerán pesadas aplastando bajo su peso los restos de mi, es tiempo de que cada uno invoque la suya y la licue a cierta altura sobre su cabeza, será un tótem creciente de granito flotante, o no será.

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katherin eiberico porras

katherin eiberico porras dijo

hola quiero el resumen del capitulo 1 y 3,7de jose ingenieros el hombre mediocre que sea breve por tengo q presentar porfa se lo agradeseria

3 Julio 2006 | 06:50 PM

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