EL HOMBRE MEDIOCRE-JOSE INGENIEROS

-En ese desequilibrio entre la perfección concebible y la realidad practicable, estriba en la naturaleza misma de la imaginación.
-En cada momento la realidad varia; con esa variación se desplaza el punto de referencia de los ideales.
-Todo idealista es un hombre cualitativo: posee un sentido de la diferencia que le permite distinguir entre lo malo que observa, y lo mejor que imagina. Los hombres sin ideales son cuantitativos; pueden apreciar el más y el menos, pero nunca distinguen lo mejor de lo peor.
-Sienten el paso de los honores con que se intenta domesticarlos y hacerlos cómplices de los intereses creados.
-Por eso todo idealista es una viviente afirmación del individualismo, aunque persiga una quimera social; puede vivir para los demás, nunca de los demás.
-Ningún ideal es falso para quién lo profesa.
-La mediocridad podría definirse como una ausencia de características personales que permiten distinguir al individuo en su sociedad.
-Muchos cerebros torpes se envanecen de su testarudez, confundiendo la parálisis con la firmeza.
-Aunque aislados no merezcan atención, en conjunto constituyen un régimen, representan un sistema especial de interesen inconmovibles (los mediocres).
-En la ostentación de lo mediocre reside la psicología de lo vulgar.
-Apiñar datos no es aprender, tragar no es digerir.
-Pueblan su memoria con máximas de almanaque y las resucitan de tiempo en tiempo, como si fueran sentencias.
-Su cerebración precaria tartamudea pensamientos adocenados, haciendo gala de simplezas que son la espuma inocente de su tontería.
-Representan el sentido común desbocado.
-“Ser tonto, egoísta y tener buena salud, he ahí las tres condiciones para ser feliz. Pero si falta la primera todo está perdido”.
-¿Cómo no distinguir que el uno tiene ideales y el otro apetitos…?.
-El que se ha fatiga mucho en formar sus creencias, sabe respetar las de los demás. La tolerancia es el respeto en los otros de una virtud propia.
-Astrónomos hubo que se negaron a mirar al cielo a través del telescopio, temiendo ver desbaratados sus errores más firmes.
-Creen, por eso, descubrir una agudeza particular en el arte de no comprometerse en juicios decisivos.
-El hombre mediocre es solemne.
-Las mediocracias exigen de sus actores cierta seriedad convencional, que da importancia a la fantasmagoría colectiva.
-El hombre mediocre que renunciara a su solemnidad, quedaría desorbitado, no podría vivir.
-Para los tontos nada más fácil que ser modestos: los son por necesidad irrevocable, los más inflados lo fingen por cálculo, considerando que esa actitud es el complemento necesario de la solemnidad y deja sospechar la existencia de méritos pudibundos.
-Fracasados hay que se creen genios no comprendidos.
-La falsa modestia es el último refinamiento de la vanidad.
-Pueden llegar a sentir la belleza de un manuscrito que se les lee, pero no osan declaran su favor hasta que hayan visto su curso en le mundo y escuchado la opinión de los presuntos competentes; no arriesgan su voto, quieren ser llevados por la multitud. Entonces dicen que han sido los primeros en aprobar la obra y cacarean que el público es de su opinión.
-El escritor mediocre, tímido y prudente, resulta inofensivo: Solamente la envidia puede encelarle; entonces prefiere hacerse crítico.
-Las lenguas más acibaradas son las de aquellos que tienen menos autoridad moral.
-El hombre mediocre que se aventura en la liza social tiene apetitos urgentes: el éxito. No sospecha que existe otra cosa, la gloria.
-En su anhelo simulan aptitudes y cualidades que consideran ventajosas para acrecentar la sombra que proyectan en su escenario.
-Ignoran el veredicto del propio tribunal interior; persiguen el salvoconducto otorgado por los cómplices de sus prejuicios convencionales.
-Sin fe en creencia alguna, el hipócrita profesa las más provechosas.
-El hipócrita transforma su vida entera en una mentira metódicamente organizada.
-El hipócrita no aspira a ser virtuoso, sino a parecerlo.
-Indigno de la confianza ajena, el hipócrita vive desconfiando de todos, hasta caer en el supremo infortunio de la susceptibilidad.
-Suele tener cómplices pero no amigos; la hipocresía no ata por el corazón sino por el interés.
-Para evitar la ingratitud ajena sólo se les ocurre no hacer el bien.
-Está bien perdonar una vez y sería inicuo no perdonar ninguna; pero el que perdona dos veces se hace cómplice de los malvados. No sabemos qué hubiera hecho Cristo si le hubieran abofeteado la segunda mejilla que ofreció al que le afrentaba la primera: los escolásticos prefieren no discutir este problema.
-Aún está por resolverse el antiguo litigio que proponía elegir entre un imbécil bueno y un inteligente malo.
-La moralidad es tan importante como la inteligencia en la composición global del carácter.
-“Cuanto más fino y culto es un hombre, tanto más repulsivo y sospechoso se vuelve si
pierde su reputación de honesto”.
-No fue Francisco un instrumento eficaz de la beneficencia, virtud cristiana que el tiempo reemplazará por la solidaridad social, sus efectos útiles son producidos por innumerables individuos que serían incapaces de practicarla por iniciativa propia, pero que del exaltado arquetipo reciben sugestiones, tendencias y ejemplos.
-Los caracteres mediocres no existen solos, sin individualidad se arrebañan.
-La domesticación de los mediocres.
-La pérdida de dignidad iniciase cuando abren el ojo a la prebenda que estremece su estomago o nubla su vanidad, inclinándose ante las manos que hoy le otorgan el favor y mañana le manejarán la rienda.
-El hombre pone su honor en el mérito propio y es juez supremo de sí mismo; asciende a la dignidad. La sombra pone el suyo en la estimación ajena y renuncia a juzgarse; desciende a la vanidad. Ser o parecer.
-Viven con la eterna preocupación del juicio ajeno sobre su sombra.
-El que aspira a parecer renuncia a ser.
-Ser digno significa no pedir lo que se merece, ni aceptar lo inmerecido.
-Lo que tiene por precio una partícula de honor es caro.
-La felicidad que da el dinero está en no tener que preocuparse de él; por ignorar este precepto no es libre el avaro, ni es feliz.
-Esa conciencia de su mediocridad es su tormento; comprenden que sólo pueden permanecer en la cumbre impidiendo que otros lleguen hasta ellos y los descubran.
-No basta ser inferior para envidiar, pues todo hombre lo es de alguien en algún sentido; es necesario sufrir del bien ajeno, de la dicha ajena.
-El hombre vulgar envidia las fortunas y las posiciones burocráticas. Cree que ser adinerado y funcionario es el supremo ideal de los demás, partiendo de que lo es suyo.
-“Es un gran signo de mediocridad elogiar siempre moderadamente”.
-De algunos criticastros sólo tenemos noticias porque algún genio los honró con un sonoro puntapié.
-El castigo de los envidiosos estaría en cubrirlos de favores, para hacerles sentir que su envidia es recibida como un homenaje y no como un estiletazo. Es más generoso, más humanitario. Si no es posible agasajarle, es necesario ignorarle.
-El espartano Antistenes, al saber que le envidiaban, contestó con acierto: peor para ellos, tendrán que sufrir el doble tormento de sus males y mis bienes.
-Los únicos gananciosos son los envidiados; es gratos sentirse adorar de rodillas.
-No ser envidiado es una garantía inequívoca de mediocridad.
-Platón, sin quererlo, al decir de la democracia: “es el peor de los buenos gobiernos, pero el mejor entre los malos”.
-En cada comarca una facción de vividores detenta los engranajes del mecanismo oficial.
-Conviniese en llamar urbanidad a la hipocresía, distinción al amaneramiento, tolerancia a la complicidad.
-Siempre hay mediocres. Son perennes. Lo que varía su prestigio y su influencia.
-Acallase cualquier protesta dando participación en los festines.
-Los gobernantes que no piensan parecen prudentes, los que nada hacen son reposados, los que no roban resultan ejemplares.
-Todo hombre declina su personalidad al convertirse en funcionario: no lleva visible la cadena al pie, como el esclavo, pero la arrastra ocultamente, amarrada al intestino.
-Los países son expresiones geográficas y los estados son formas de equilibrio político. Una patria es mucho más y es otra cosa: es sincronismo de espíritus y corazones.
-Los ciudadanos vuelven a la condición de habitantes: La patria a la de país.
-La política se degrada, conviértese en profesión.
-Nadie piensa donde todos lucran, nadie sueña donde todos tragan. Lo que antes era signo de infamia y cobardía, tórnase título de astucia.
-Hombres ilustres pueden ser víctimas del voto: los partidos adornan sus listas con ciertos nombres respetados, sintiendo la necesidad de parapetarse detrás del blasón intelectual de algunos selectos.
-Un hombre de negocios está siempre con la mayoría, apoya a todos los gobiernos.
-La característica del zafio es creerse apto para todo, como si la buena intención salvara la incompetencia.
-La adulación es siempre desleal e interesada.
-Para obtener el favor cuantitativo de las turbas, puede mentírseles bajas alabanzas disfrazadas de ideal; más cobardes porque se dirigen a plebes que no saben descubrir el embuste. Halagar a los ignorantes y merecer su aplauso, hablándoles sin parar de sus derechos, jamás de sus deberes.
-No piensan, no roban, no oprimen, no sueñan, no asesinan, no faltan a misa ¿qué más?
-De cada cien, noventa y nueve mienten lo mismo: la grandeza del país, los sagrados principios democráticos, los intereses del pueblo, los derechos del ciudadano, la moralidad administrativa. Todo ello, si no es mentira consuetudinaria, resulta de una tontería enternecedora: simula decir mucho y no significa nada. El miedo a las verdades concretas ocultase bajo el antifaz de las vaguedades cívicas.
-Olvidan que envanecerse de un rango es confesarse inferior a él.
-El ambicioso quiere ascender hasta su propias alas puedan llevarlos, el vanidoso creer encontrarse ya en las supremas cumbres codiciadas por los demás.
-Por detestables que sean los gobernantes, nunca son peores que cuando no gobiernan.
-Cuando se acepta la responsabilidad de gobernar equivocarse es una culpa.
-Los más rezan con los mismos labios que usan para mentir.
-La falta de creencias solidamente cimentadas convierte al mediocre en fanático. La fe se confirma en el choque con opiniones contrarias; el fanatismo teme vacilar ante ellas e intenta ahogarlas.