ENCUENTROS EN LA DECIMONOVENA FASE (Apoteósico final)
-Estamos viviendo momentos gloriosos para la televisión contemporánea y si alguien sabe de alguna droga más adictiva que nuestro show, que me la traiga ipso facto.
Suenan las trompetas, y vemos al Sultán de Cabanillas sentado en el suelo, con las piernas cruzadas en actitud de meditación, Carola le mira sin decidirse a interrumpir ese éxtasis, resuelve esperar, es lo más prudente, se prepara una raya, y cuando se acerca para esnifarla el Sultán abre un ojo, es suficiente, Carola desiste, sabia decisión, nos está sorprendiendo Carola, demuestra tener cierta sensatez, las apuestas estaban no muy a su favor. Parece ser que el Sultán ha entrado en una especie de trance sicótico, sin duda debido a la ingesta masiva de alcohol y cocaína, Michel decide arriesgarse y pide al equipo técnico un bate de béisbol, se dispone a materializar su venganza por el oprobio al que le sometió anteriormente el Sultán, se acerca caminando de puntillas, mirando al público con una risilla maliciosa y rogando el máximo silencio a todos con un dedo sobre sus labios, levanta el bate, se dispone a destrozar la cabeza del Sultán de Cabanillas, ante la atenta mirada de los espectadores, ha llegado la hora de la verdad grandísimo hijo de puta, piensa para sus adentros, se dispone a golpear cuando el Sultán, sin abrir los ojos le encañona con su revolver, que recordemos decidió tener siempre a mano, y sin dudarlo le dispara, el pobre Michel cae al suelo como un saco de patatas, ya no tiene cara, Carola se lanza a los brazos del Sultán, y le dice cuanto le quiere, que tenía miedo de perderle y tonterías por el estilo, ya se sabe cuando una loca se acaramela puede resultar absolutamente intolerable, el Sultán la aparta de una manotazo, se levanta, da dos vueltas alrededor del púlpito, lleva el revolver en su mano derecha y el bate de béisbol del desaparecido Michel en la otra, arrastra a Carola que se ha agarrado a su pierna derecha, enfurecido exige que le traigan otro orinal lleno de wisky, se retrasan en traerlo, nadie quiere acercarse al Sultán en estos momentos, no mientras tenga balas en su arma, y le quedan cinco aún, esta que hecha humo, su rabia crece exponencialmente, dispara tres veces contra el cuerpo de Michel, aúlla amenazando a la humanidad entera, ¡por Dios que alguien le lleve ese maldito orinal!, la señora de la limpieza es la encargada de la misión casi suicida, lleva el orinal en una mano y una escoba en la otra, si se ponen feas las cosas de poco te servirá tu escoba, a no ser claro está que sepas karate, ofrece el orinal al Sultán con una esplendida reverencia, este lo coge da un largo trago y besa suavemente la mano de la señora de la limpieza a la vez que se inclina ante ella como si de la realeza se tratase, la valiente mujer se retira ruborizada, los colores se le han subido a las mejillas, ha sido ascendida por decreto a reportera en zona de guerra, Carola mira celosa la escena y jura vengarse de la señora de la limpieza, así es el mundo del espectáculo, celos, envidias, enemigos mortales, lo normal. El Sultán levanta amablemente a Carola, empieza a dar miedo tanta caballerosidad, y la acompaña a su silla, después él hace lo propio.
-Y bien querida, ¿tal vez deberíamos continuar con la entrevista? ¿No hay nada que quieras preguntarme?
Carola duda, balbucea ente sollozos de odio y despecho, tímidamente cacarea algo.
-Si, hay algo que quisiera decirle Cabanillas.
-Adelante mi niña, estoy en tus manos.
-¡Le amoooo!, soy toda suyaaaa.
-¡Jajajajajajaja!
El Sultán se ríe, ríe con una mueca aterradora en su cara, tanta amabilidad no era un buen augurio. No olvidemos que aún le quedan dos balas en el revolver, Carola se la esta jugando, y pensar que confiábamos en su buen criterio.
-Necesito urgentemente un desatascador de retretes, a poder ser ya usado. Soy un hombre de palabra, no lo duden.
Que alegría, que alboroto, al fin podremos ver como extrae las tripas por el ano a la dulce Carola, es lo menos que puede hacer tras habernos privado de una forma tan inesperada el poder visionar lo que hubiera sido sin lugar a dudas un gran espectáculo: Michel haciéndose el Hara Kiri in memoriam de su amado Jhonny. Carola se encuentra en un extraño batiburrillo de sentimientos y sensaciones, por una parte, es natural, tiene un miedo atroz, por otra parte, su coñito se lubrica a la velocidad de la luz, a la vez se siente orgullosa, será ella y solo ella, perdón más bien su ano y sus tripas, el centro de todas las miradas, ójala mis padres me estén viendo, piensa, estarían orgullosos de mí, y a la vez siente algo de pudor, ella fue educada en un colegio de pago, y claro, estas exhibiciones no proceden en ciertos ambientes, pero es una profesional, eso es indudable y como tal se la recordará.
-Acercate preciosa, vamos ven con papá.
Carola sólo acierta a proferir sonidos incoherentes, por ejemplo: mmmm, aahhh, sssiii, uffff, esta muchacha está faltal, liquidos viscosos resbalan por sus piernas, y parece que vuelve a orinarse encima, esto ya es preocupante, tal vez debería hacerse mirar las causas de semejante incontinencia.
-Muy bien mi niña, muy bien, ahora ponte a cuatro patas mientras papá te levanta la faldita, y no temas puedes hacer todo el pipí que quieras, ¡a ver hijos de la gran puta!, ¡una palangana!, no quiero que se derrame ni una gota, después todo este orín se servirá en copas de champagne al público presente.
Una gran ovación en agradecimiento al detalle del Sultán para con el auditorio, estas cosas no tienen precio, llegan al alma y tocan la fibra sensible de cualquiera por más canalla que sea. Sin lugar a dudas el Sultán es lo que es y está donde está por estas pequeñas cosas, sabe como ganarse la amistad y el respeto de quienes le rodean, es incuestionable. Traen la palangana y la situan bajo el coñito de la hermosa Carola, ¡esta mujer es un manantial!, el Sultán abre bien las nalgas de la muchacha, escupe en el agujero del ano, mete un dedos, dos, tres, hasta cuatro dedos, mientras Carola chupa una sonda con agua, la cuestión es no parar de mear mientras dure la función, el Sultán hace un gesto y pide le traigan el sombrero de cow boy que Herr Gunter dejó olvidado tras su precipitada huida, se lo pone se baja los pantalones y penetra por el culo a Carola, ella sigue meando.
-¡Arree!, ¡arreeeeee¡
Grita el Sultán mientras desgarra ese angelical ano, angelical hace dos minutos, ahora es un ano demoníaco, que traigan más agua o Carola se nos deshidrata, no para de mear, es algo fuera de lo común, millones de teleespectadores por una cuestión de ósmosis se levantan y corren atropelladamente a los urinarios más próximos, los que no quieren perder detalle se lo hacen encima frente al televisor.
-Y ahora querida llegó el gran momento. ¿Estás preparada?
-Lo estoy Cabanillas, lo estoy.
El Sultán coge el desatascador coloca un garfio en la punta del palo de madera y lo introduce entero hasta la parte de goma en el trasero de Carola, ¿tal vez pensaban ustedes que el método seria por succión?, que poco conocen al Sultán de Cabanillas, que poco lo conocen, menea el palo en circulo, adentro y afuera, háganse la idea que el palo es una caña de pescar y él va en busca del gran azul, el viejo y el mar a todos nos viene a la memoria.
-Aaaagggg, bastaaaaa.
Grita Carola.
-Ha cesado de orinar, pongan la palangana delante de su cara y que alguien la ahogue, por cierto necesito otro recipiente más para depositar mi captura, sospecho será abundante.
Aparece de nuevo la señora de la limpieza, entrega al Sultán una segunda palangana, y recoge la primera, entonces coloca longitudinalmente el palo de su escoba detrás de la nuca de Carola y empuja hacia abajo hasta que su cara queda sumergida en la cubeta rebosante de sus propios orines, a fin de cuentas la escoba sí era una arma letal en manos expertas por lo que se puede apreciar, Carola se mueve con frenesí, mueve sus manos como si fueran alas de colibrí, ¡caramba unos versos!, y patalea entorpeciendo las maniobras del Sultán, instantes después Carola descansa en paz, la venganza de Carola ha sido inversamente proporcional, entonces comienzan a brotar de su trasero cual flor en primavera varios kilómetros de tripas, que son recogidas en el recipiente colocado para tal fin, estas tripas se servirán después, también entre los asistentes, que por cierto aplauden, silban, lanzan vítores y algunos atrevidos y atrevidas incluso piropos al Sultán y a la señora de la limpieza.
-Acuérdate querida Carola este es tu tributo.
La dirección del programa se tira de los pelos, tres bajas, de momento, una sola jornada, se han puesto alto el listón. La música suena, los aplausos son demoledores, Jericó es el canto de un jilguero, la señora de la limpieza levanta su escoba en señal de triunfo, una gladiadora, no se da cuenta pero el Sultán la apunta con su revolver por la espalda y dispara, en verdad fue una gran reportera en zona de guerra, solo queda una bala, ya veremos, siguen saliendo cosas, más y más, ¡otra palangana por favor!, todas las cámaras son para él, llena la segunda, y aprovechando que tiene la polla de granito pide voluntarios entre el público para que rematen la faena, salen varios voluntarias y voluntarios, pero finalmente determina cascársela él mismo, no se fía, es natural, seis horas después lanza un alarido.
-¡AAHHHHH!
Y se corre sobre las palanganas que contienen las entrañas de Carola, dos asistentes del programa acuden a la llamada del Sultán, cogen los recipientes con las tripas, el que contiene el orín es recogido por el mismísimo Sultán, se acercan los tres al público y lanzan sobre ellos el recuerdo de Carola, es la apoteosis, una orgía bíblica, empujan, golpean, enseñan los dientes, estiran, muerden, lamen, todos quieren comer y beber, todos necesitan participar, cualquier inmutable sería devorado. El Sultán de Cabanillas se ha subido los pantalones, tiene el revolver en su mano derecha, mira al tendido y sonríe, está sólo en el escenario, pero nadie se fija ya en él, hay otro espectáculo mejor, el público es el ESPECTACULO. Da media vuelta, desaparece tras unas cortinas y suena un disparo.
Pan y circo.
Esas pollas y tu culo.
Ya se sabe.
Normal.
Todo está bien.
FIN
